jueves, 17 de noviembre de 2016

EL LEGADO... LOS JORDAN.




Recuerdo la primera vez que me lo presentó mi hermana. Tenía él unos 25 años, y trataba de encajar en la familia, haciendo gala de un “Humor” un poco simple (su ídolo era Polo Polo). 
 
 


Pero era risueño. Con el tiempo se convirtió en el esposo de mi hermana. Tenía cierto carisma, y a pesar de tener una edad similar a la mía, teníamos nuestras diferencias. Varias veces me ayudó con la descompostura de mi auto, y yo lo fui a sacar una vez de la cárcel, cuando en año nuevo lo detuvo un reten policiaco, pues venía de celebrar con su familia, y traía aliento alcohólico.
 
Lo que más recuerdo de él, fue cuando hicimos un viaje por separado hasta Ciudad Victoria, Tamaulipas, mi ciudad natal. El llegó en avión esa vez, y yo, me fui con mi ex esposa, mi hija y mi suegra, en automóvil. El automovil era de mi hermana, que también había ido, pero en el carro de mi madre, ayudándola a manejar, junto con mis pequeños hermanos y su hija Camila. Esa vez, como no cabía mi cuñado ya, el juntó un dinero meses antes, y se fue en avión, su primera (y creo que única vez en avión).
  

En Ciudad Victoria, cierta tarde fuimos varios familiares al “Estadio”, un área de varias hectáreas, con estadio profesional de futbol, parque de beisbol, albercas, y canchas para practicar basquetbol, que se llenan por las tardes de ciudadanos victorenses.

 Llegamos él y yo, a donde estaban dos personas jugando.

- Drago y Luis: Eh compas? Les jugamos una reta?
 
Las otras dos personas se quedaron viendo entre ellos, para luego decirnos:

- No gracias, ya mero nos vamos.

Rechazados, buscamos a otras personas que estuvieran jugando, pero casi todas estaban completas. Lo intentamos una vez más con los mismos:

- Drago y Luis: Un partido rápido nadamas.

De nuevo se voltearon a ver entre ellos:

- Bueno, un juego.

Nos dieron el balón… y creo que fue de las pocas veces que lo tocaron en el partido.

  

A pesar de que nunca habíamos jugado Luis y yo juntos, parecía como si tuviéramos toda la vida haciéndolo. Hicimos varias jugadas, combinaciones, cubríamos, atacábamos. Los hicimos polvo. Quedamos 21 a 1, favor nosotros.

Veníamos de Chihuahua, de los estados considerados “Basquetboleros”, nada pudieron hacer.

Les dimos las gracias y nos fuimos con la demás familia, a comprar elotes y aguas frescas.
 
Tiempo después, regresando a Juárez, tuvimos nuestras diferencias, insultos, y malos momentos.

Varios años después, se divorció de mi hermana, y se volvieron a juntar, tambien, años despues, viviendo ésta vez en unión libre.

Le regresó un antiguo cáncer que padeció en su juventud, y recibió muchos tratamientos que le daban pocas esperanzas de vida.

Incluso yo, olvidando asuntos pasados, fui a donarle sangre como parte del tratamiento que estaba recibiendo.



Sin embargo no fue suficiente, y hace un mes, Luis Contreras Mata, dejo de vivir, perdiendo el partido final contra la Leucemia, en Ciudad Juárez.

Ayer, me visitó mi hermana, quien ya está resignada y de mejor semblante que los días posteriores a la muerte del padre de sus dos hijos.

Me trajo a regalar una bolsa con pertenencias de Luis, gesto que acepté, y de entre las cuales vi este hermoso par de tenis originales, que me recordó aquella tarde donde mi ex cuñado y yo olvidando malos momentos y cuestiones personales, y en equipo logramos, poner “en alto el nombre de Chihuahua”, en basquetbol.

 



Será un honor usarlos, y recordarte, dondequiera que te encuentres. Y te digo que nos fuimos sin rencores, en paz, y algún día volveremos a hacer equipo, en una mejor vida. 

Hasta entonces Luis…